ESAS RAZONES PARA NO CELEBRAR MÁS LA NAVIDAD

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pere noel interditSon varios los millones de personas en todo el mundo que han sido acunados, desde su más tierna infancia, con villancicos que muchos encontrarán todavía tan gratos y agradables a día de hoy. Varios millones de personas (cristianos e incluso algunos no creyentes) que han crecido y vivido en un ambiente en el que reinaba el espíritu navideño.

Nos han enseñado que la Navidad representa, y sigue representando, valores tales como el amor, el compartir, la paz o la unión. Sin embargo, desde hace algunos años, han surgido otras ideas en el horizonte que ya se han enraizado en algunos lugares.

Entre muchos otros de estos lugares, tomemos como ejemplo los Estados Unidos, un país conocido desde hace tiempo por sus famosas celebraciones y por sus preciosos árboles de Navidad. Sin embargo, actualmente, en nombre de la neutralidad y del laicismo o con el pretexto de no incomodar a los demás, está prohibido hablar de fiestas navideñas en las escuelas de varias regiones estadounidenses y, lo que es aún peor, en aquellos lugares en los que todavía está permitido montarlo, al árbol de Navidad ahora se le denomina “árbol de la festividad de fin de año”.

En este punto, cabe preguntarse: ¿por qué privar a alguien de una fiesta —efectivamente, “una fiesta”—, que le hace feliz solo porque otra persona no participa en la misma o no cree en ella? ¿No sería mejor aprovechar esta festividad para enseñar a los jóvenes lo que es la “convivencia”?

Hoy en día, se pueden leer bastantes noticias o artículos en blogs en los que más de una persona denuncia o se queja de la prohibición de que Santa Claus visite a los niños en las escuelas, así como de la desaparición del árbol de Navidad en numerosos lugares de Estados Unidos o de Francia, entre otros, donde cada año se colocaban tradicionalmente estos árboles para la felicidad de cientos o de miles de transeúntes. Es como si el laicismo de hoy día ya no pudiera ir de la mano de la diversidad, de la tolerancia, del intercambio cultural, de conocer o de aprender de los demás, etc.

¿Por qué no celebrar más la Navidad cuando aquellos que siempre lo han hecho ha sido precisamente en nombre del amor, del compartir, de la alegría, de la vida o de la luz?

¿Por qué no celebrar más la Navidad cuando se conoce el número de treguas, aunque no sean oficiales, que soldados ingleses y alemanes acordaron en el frente durante la Primera Guerra Mundial? Se trataron de pequeñas treguas que permitieron a los soldados de ambos bandos intercambiarse regalos y cantar villancicos antes de volver al combate.

¿Por qué no celebrar más la Navidad cuando, en aquellos momentos tan difíciles, esta festividad concedió a aquellos soldados que pronto iban a conocer su muerte la oportunidad de vivir un poco más, el tiempo justo para cantar un último villancico?

¿Por qué no celebrar más la Navidad cuando, en ese día, los más pequeños reciben regalos, se intercambian tarjetas de felicitación que transmiten deseos de felicidad y amistad y cuando algunos acuden a la iglesia mientras otros se quedan en su casa para rezar? ¿Por qué no celebrar más la Navidad cuando otras personas aprovechan esta festividad para donar o cuando hay quienes se conforman con celebrarla y aprovechar el momento mientras que, para miles de personas, se trata simplemente del día más bonito de su corta vida?

Las festividades cristianas, judías, musulmanas o laicas siempre han existido, han trascendido el paso del tiempo y han coexistido. He ahí la palabra mágica: “coexistir”. Sin embargo, a día de hoy, nos encontramos en esta situación.

En todo caso, dada la velocidad a la que se extiende la idea de no celebrar más estas fiestas, animamos a aquellos a quienes les guste la Navidad a que se acerquen a un árbol de Navidad o a Santa Claus cada vez que los vean durante estos días puesto que, según parece, la fiesta prácticamente ha llegado a su fin.

Francklin Pierre Tenyi II / Twitter: @Tenyi2

 

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